NOTICIA
25-05-2020

Cómo detectar en segundos que el embrague de tu coche está a punto de romperse

Pasar de un embrague aparentemente en buen estado a que empiece a fallar es cuestión de poco tiempo. No obstante, una sencilla prueba nos puede ayudar a saber en qué punto está, sobre todo, si el vehículo ha estado un largo tiempo sin funcionar, como puede ocurrir ahora a causa del confinamiento.

Saberlo es sencillo...

Saberlo es fácil: con el coche arrancado y detenido en una zona llana y con espacio de seguridad, basta embragar, meter la relación más larga de la que disponga el modelo (quinta o sexta) y soltar de golpe el pedal.

Si el componente está todavía en forma aceptable, el vehículo debería calarse al instante. Si no se cala inmediatamente, significa que el disco del embrague comienza ya a patinar y su vida útil se acerca a su fin. Es el primer aviso.

Esta operación es también muy útil, por ejemplo, si vas a comprar un coche de segunda mano con cambio manual, para evitar disgustos posteriores.

¿El embrague patina?

Cuando un embrague patina, los síntomas son evidentes: al acelerar, el motor se revoluciona más de lo debido y el coche no gana velocidad con la proporcionalidad habitual, sino inferior.

Y si se está en una pendiente ascendente, puede que el vehículo ni avance. La pieza ya no permite una transmisión de potencia tan directa entre el motor y las ruedas, porque resbala, y gran parte de los caballos del propulsor se pierden en ese rozamiento y no llegan a los neumáticos.

En este caso, será cuestión de pocos días que falle completamente: es el momento de acudir a tu taller de confianza si no queremos tener que hacerlo cuando nos hayamos quedado 'tirados' en la carretera.

Cómo cuidar el embrague

Un embrague bien utilizado puede durar más de 200.000 kilómetros, de la misma forma que otro que haya soportado un mal uso prolongado puede desfallecer a los 100.000. Por eso, y por su coste de sustitución —mayor en volante bimasa—, vale la pena usarlo adecuadamente.

Como norma general, no hay que pisar el acelerador y el embrague a la vez. Aunque al iniciar la marcha es complicado aplicar esta máxima. En este caso, hay que encontrar el equilibrio y coordinación adecuados para ir soltando el embrague y presionando el acelerador sin que se produzcan tirones ni brusquedades. Pero cuanto menos tiempo se presionen los dos pedales a la vez, mejor.

Una vez en marcha, en cambio, el uso ideal del pedal de embrague debe ser: pisar a fondo el pedal, meter la marcha deseada y soltarlo por completo, sin acelerar con él todavía accionado.

Las malas prácticas que acortan la vida del componente son, en su mayoría, conocidas. La más habitual es empezar a acelerar con el pedal todavía pisado, una costumbre que provoca su desgaste prematuro.

Otra mala costumbre es circular con el pie izquierdo apoyado sobre el pedal, que produce el mismo efecto. Tratar de subir el coche a un bordillo y salir de un semáforo a toda velocidad son asimismo maniobras que reducen su vida útil.

Y en las arrancadas en cuesta y rampas de garajes, en lugar de jugar con la coordinación del embrague y el acelerador y arriesgarse a maltratarlo, es mejor sujetar el coche con el freno de mano y aplicar la maniobra del inicio de marcha. Y cuando el coche haga el amago de moverse, basta soltar el freno de mano mientras se sigue acelerando.

Recuerda que una revisión periódica del estado del coche es la mejor forma de prevenir problemas, además de una conducción eficiente y sana. Confía a los profesionales de InterTaller el cuidado de tu vehículo.

 

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