NOTICIA
21-05-2020

¿Es posible provocar averías en un coche de gasolina si lo conduzco como si fuera un diésel?

Las diferencias de un motor de gasolina y uno de gasóleo van mucho más allá del combustible. Como ya te contamos tienen funcionamientos muy diferentes.

Por eso, si ahora conduces un coche de gasolina tras haberte pasado años conduciendo coches con motores diésel, conviene que sepas que ciertos hábitos adquiridos con los segundos pueden ser nefastos para los primeros, provocando averías y un estrés innecesario a sus componentes.

Escucha a tu coche de gasolina

De este modo, si para los diésel su conducción a bajo régimen es agradecida —aunque en ocasiones venga bien revolucionarlos un poco más o conducir largas distancias para cuidar sus sistemas anticontaminación—, en los gasolina la cosa es distinta.

Y es que si circulamos a bajo régimen de vueltas con un gasolina, éste nos 'dirá' rápidamente que no está a gusto. Fuertes vibraciones, traqueteo o una mala entrega de potencia nos indican que debemos introducir una marcha inferior urgentemente.

Normalmente, se recomienda que en un motor de gasolina no se debe cambiar de marcha a menos de 2.000 rpm-2.500 rpm, pero esto debe matizarse. Hoy en día, los pequeños motores turboalimentados de gasolina sí están preparados para circular a un régimen más bajo, gracias a un par alto. 

Sin embargo, un gasolina atmosférico (sin turbo) tiene un comportamiento diferente, entregando su par máximo a un régimen mucho más alto (más revolucionado).

No obstante, aunque cada motor es un mundo —depende de su cilindrada, número de cilindros, entrega de potencia— todos los gasolina 'protestarán' si su régimen es demasiado bajo. Sólo tenemos que escucharlos y entender que podemos causar una avería.

¿Qué es la carga del motor?

La carga del motor es, simplificando, la aceleración que exigimos al motor, cuánto pisamos el acelerador. Una alta carga a bajas vueltas es muy perjudicial para un motor. Es decir, si pisas a fondo con la quinta marcha engranada mientras circulas a 1.500 rpm, tu motor está sufriendo... y mucho. No puede ofrecer la aceleración que pides con ese desarrollo y estarás consumiendo mucho más combustible del que usarías en un desarrollo más corto.

Sin embargo, si lo hacemos a 2.500 rpm, el motor no se estresa y consumirás menos combustible. Es una de las paradojas de la conducción eficiente: un menor régimen no siempre equivale a un mayor ahorro.

Igualmente, debemos reducir marchas al subir pendientes pronunciadas o puertos de montaña. Y si necesitas acelerar rápidamente, o aumentar tu velocidad, baja de marcha.

¿Qué pasa a un gasolina al conducirlo como un diésel?

En primer lugar, someter a un motor a una alta carga a muy bajo régimen implica un mayor consumo de combustible. Pero, además, las fuerzas a las que sometemos a pistones y cigüeñal aumentan, con lo que, a largo plazo, podemos provocar problemas en la culata y segmentos.

Asimismo, aunque los gasolina modernos también generan más residuos en la combustión, lo que afecta a los componentes del motor además de acortar la vida del catalizador (sí, los gasolina de última generación también llevan catalizador)

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